Libro Digital. Rebajas y estímulo.
Después de tanta polémica por la gestión de los contenidos culturales en Internet hace sólo una semana, llega la noticia de la rebaja del IVA al libro digital. ¿Esta medida equipara el píxel al papel en el sector editorial? Aún no, pero es un paso firme. La sostenibilidad, sin embargo, una de las razones esgrimidas por la Ministra de Cultura para la adopción de esta medida, depende de otros factores tan decisivos como la legitimación de un debate sectorial sin titubeos y la inclusión del libro digital en el contexto de las grandes citas editoriales, lugar hasta ahora escamoteado por intereses capaces de frenar (aunque no por mucho tiempo) el salto y la visibilidad de una industria que promete.
El apoyo institucional bien fundamentado (sin referirnos a las muy dañinas subvenciones) al sector del libro digital y a la apertura de un diálogo real entre todos los eslabones de la cadena de valor editorial es imprescindible para que la transición y lógica convivencia del papel y el bit sean una realidad.
Uno de esos eslabones es precisamente la Subdirección General de Promoción de Industrias Culturales y de Fundaciones y Mecenazgo creada hace dos años para asumir estos retos y cuyo cometido principal es propiciar el desarrollo de la industria de contenidos.
España ha sabido reaccionar con tiempo suficiente esta vez. La recién realizada Feria del Libro Digital resultó un medidor eficiente para evaluar la fuerza de las empresas, casi todas start-ups asociadas al sector de las publicaciones que hace mucho tiempo son dirigidas por gestores con experiencia en dos mundos cada vez más entrelazados y complementarios: Las nuevas tecnologías y los contenidos culturales.
Cuando aún el lector no ha comenzado a digerir las posibilidades enormes del libro digital respecto a la democratización y la promoción de la literatura universal, es importante registrar reacciones de un impacto tan importante como la equiparación del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) de las dos formas de producción editorial; la editorial y la impresa.
Es, sin duda, un paso fundamental ante los vaticinios de convivencia de ambos soportes.
También es importante que este equilibrio venga fundamentado desde todos los frentes, incluidos los ámbitos de producción empresariales, los ámbitos de pensamiento y prospección -casi todos hoy por hoy en la Web y aquellas instituciones pioneras- que, como la Biblioteca Nacional, hacen esfuerzos reales por digitalizar sus valiosos fondos con la vista puesta en los contenidos en castellano y la extensa comunidad hispanohablante ávida de novedades literarias.
Si nos anticipamos, si comenzamos a pensar en conjunto, si las medidas van acompañadas de criterio y consenso y alejadas de diatribas improductivas, 2010 podría ser el año en que al menos una gran industria comience a consolidar una plataforma sostenible para el autor, para el editor, para el distribuidor, para el proveedor y para los libreros.
El anuncio de esta medida en concreto, debe estar precedido por acciones capaces de consolidar este sector no como una mera alternativa, sino como una gran oportunidad para la industria editorial española.


